martes, febrero 13, 2007

La literatura que naci alatrás el arau

No existe hoy por hoy y mucho me temo que nunca existió una literatura en extremeño que no sea de corte costumbrista. El ingenio de nuestros escritores parece haber sido delimitado por el idioma (!). Arrinconando palabras de poco valor artístico y que apenas designan una realidad inmediata, sin posibilidad de adentrarse en cuestiones del alma tan siquiera, nuestro escritores han reflejado y reflejan una realidad campesina a la cual mortifican con unos parámetros iguales entre unas obras y otras, de sufrimiento, sumisión, conformista, pueblerina y buscando una similitud con la realidad que roza el fanatismo por lo arcaico.
Desde los desgarradores poemas de Gabriel y Galán, donde se alcanza el patetismo con la muerte o el bucolismo debajo de la encina, hasta los llanos versos de Carmen Vera que es toda una apología a la incultura con poemas como No sé escrebí y a la vida del rudo campesino que no ve más allá de los surcos, los burros o la yegua, la poesía en extremeño ha intentado reflejar, ora de manera idílica, ora de manera realista una Extremadura campesina.

Estos escritores han logrado justamente lo contrario de lo que buscaban empleando nuestra habla: si han pretendido dignificarla, ¿por qué la tiñen con estiércol de las vacas? Chamizo, Reyes Huerta, J. Feijóo, Ignacio Fernández, Durán Domínguez, J. García García y un largo etcétera de poetas y prosistas se han dedicado en su labor literaria a hacer una transliteración de la vida del campo empleando para ello el extremeño.

Arados de toda clase, cultivos múltiples, chamizos, chozas, zahúrdas, yuntas… como si el léxico extremeño no diese para más. De esta forma, para quienes leen extremeño en textos actuales les cuesta muchísimo interpretar las palabras, porque sacadas de su contexto agrario y familiar, se convierte para ellos en una jerga ininteligible. Antonio Garrido Correas tradujo El principito al extremeño; cuando Pablo Gonzálvez, en su labor filológica escribió una gramática en extremeño y cuando Juan José Camisón demostró al mundo que es posible escribir prosa y verso sin mayores problemas en extremeño, nos dieron a entender que nuestra lengua es dúctil, manejable y fácilmente adaptable a cualquier situación, sea literaria o no. Quizás pequen de artificiosos para los ojos inexpertos, quienes se preocupan más de la ficcionalidad de la lengua que la del texto en sí. Si el latín en sus rudimentarios comienzos no hubiese tomado el vocabulario de la cocina para hablar del tema amoroso, nos sería imposible concebir hoy metáforas tan frecuentes como las que giran en torno a la comida o al fuego del hogar.

Señores literatos, si queréis dignificar el extremeño, no lo oxidéis hablando de encinas, yuntas y deshonras familiares, porque o una de dos: o el ingenio no os da para más, o es que ignoráis los límites lingüísticos y literarios del extremeño. Os resulta descabellada la traducción de obras literarias como la que llevó a cabo A. Garrido, cuando sin embargo os demostró a todos que es posible una prosa en extremeño. Os lleváis las manos a la cabeza cuando os hablan de cuestiones filológicas en lengua extremeña, como si fuera pecado. Convertís la lírica en bucólica. Es fundamental el tema del campo en nuestra literatura en extremeño, pero es uno de los posibles temas sobre los cuales escribir. ¿Cuántos desde aquellos primeros textos de Barrantes han filosofado en extremeño sin triquiñuelas pastoriles? ¿Quiénes han sido los que han escrito teatro en extremeño ambientado en ciudades, en otros tiempos que no fuesen los de la emigración extremeña o en bajo el franquismo? ¿Dónde están esos poetas que han escrito sus sentimientos sin hablar de bueyes? Donde estén, que emerjan y publiquen, porque el tradicionalismo incipiente ha degradado el extremeño más si cabe aún, produciendo una literatura acartonada, de poca o nula variedad…
Los lectores están hartos de los terruños y de las cabras, están hartos de leer noviazgos pastoriles como los del siglo XVI, están hartos de palabras como arau, güei, campusinus y quisieran leer una literatura lejos de las dehesas que todos estamos hartos de ver. Si Tales no hubiera dejado de mirar el suelo para alzar la vista a los cielos, quizá no hubiese nacido la astronomía. Apartad vosotros la mirada de los alcornoques y de los regatos y mirad más allá, donde comienza lo introspectivo, el mundo oscuro del pensamiento del cual nace la ficción y dejad de ficcionalizar las huertas, las calles de piedra y la pobreza de la guerra. ¿Cómo pretendéis avanzar, si en vez de innovar os hincáis de rodillas junto a la encina y os amarráis a ella como si pensar en otra cosa fuera una herejía? ¿Cómo vais a dignificar el extremeño si no sacáis de la sahurda al cerdo? ¿Cómo vais a hablar del agua, si no abandonáis el calambucu? Parece que escribís en corcho, en vez de en papel. Luego dicen que estamos atrasados, ¿cómo no lo vamos a estar si seguimos escribiendo conforme a la estética costumbrista y tradicional de hace más de un siglo? ¿De qué le vale a Chamizo emplear versos modernistas si escribe sobre la Semana Santa o la huerta del padre? ¿De qué os vale saber extremeño si lo empleáis para criticar la aparición del teléfono o el footing?
(Nota: Si tengu escrebiu esti testu en castellanu, es paque lo apesquís tós, peru lo mesmu lo huesi escrebiu en estremeñu sin escambahal ni una mihina la su crítica.)

2 comentarios:

Ibérico dijo...

É verdade. Cabe usar a língua para tudo, não só para a literatura dos costumes.

Anónimo dijo...

Valiente sarta de tonterías.